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Merlina y Vicky: un refugio para mujeres adictas

“Merlina y Vicky” es un centro barrial de la Comunidad San José, ubicado en La Matanza, que se dedica a la recuperación de mujeres con problemas de adicción y situaciones de violencia. Esta iniciativa se centra en ofrecer un espacio seguro y de contención para aquellas que han enfrentado el flagelo del consumo de drogas, buscando no solo su rehabilitación, sino también su integración social y personal.

Un cambio de paradigma en la ayuda social

Leandro, un integrante de la Comunidad San José, explica que la organización ha transformado su enfoque: “Nosotros cambiamos las tres ‘C’ que corresponden a la calle, cárcel y cementerio, por colegio, capilla, club”. Este cambio de paradigma busca mejorar la vida de personas que sufren, brindándoles la oportunidad de optar por un camino diferente. La fundación se estableció en barrios de La Matanza afectados por el narcotráfico y la violencia, como el barrio 17 de marzo, 17 bis, San Petersburgo y Puerta de Hierro.

Desde sus inicios, la Comunidad San José se ha enfocado en recuperar a los jóvenes, ofreciendo un sistema educativo que se basa en la “pedagogía de la presencia”. Con el tiempo, se expandió para incluir diversas iniciativas, como carreras terciarias, formación profesional, y hogares de abuelos, además de los Hogares de Cristo para quienes luchan contra las adicciones.

La realidad de las mujeres en el contexto de la adicción

La comunidad ha observado que las mujeres enfrentan desafíos distintos a los hombres en su camino hacia la recuperación. Mientras que los hombres suelen ser los primeros en buscar ayuda, muchas mujeres viven en contextos de violencia y tienen responsabilidades familiares que complican su situación. “Las mujeres suelen tener obligaciones con niños, y muchas veces viven en situaciones violentas en sus propios hogares”, aclara Leandro, lo que hace necesario un enfoque específico para ellas.

La creación de “Merlina y Vicky” responde a esta necesidad. Este centro no solo ofrece un lugar de rehabilitación, sino que también sirve como un espacio de encuentro y apoyo mutuo entre las mujeres. Su nombre homenajea a dos mujeres que, tras recuperarse, decidieron regresar al lugar para ayudar a otras en situaciones similares. A pesar de que ambas fallecieron debido a las secuelas de su adicción, su legado de superación se mantiene vivo en la comunidad.

Un refugio que transforma vidas

En “Merlina y Vicky” se alojan alrededor de 200 mujeres que buscan superar sus adicciones. Este centro se ha convertido en un pilar fundamental para la recuperación de muchas de ellas, ofreciendo no solo contención emocional, sino también herramientas para reintegrarse a la sociedad. La Comunidad San José se esfuerza por darles un futuro, permitiéndoles acceder a educación y oportunidades laborales una vez que han completado su proceso de rehabilitación.

“Cuando empezamos con la comunidad, notamos que Puerta de Hierro era una estación de Paco. Un montón de personas hacían detener el tren para comprar paco y luego volvían para consumirlo”, recuerda Leandro. Esta realidad ha cambiado significativamente desde la fundación de la comunidad, que ahora trabaja para modificar la percepción sobre las personas que sufren adicciones y ofrecerles un camino hacia la recuperación.

La importancia de la contención y el apoyo

La Comunidad San José ha implementado “dispositivos de Cristo”, pequeñas células que actúan como grupos de apoyo para quienes luchan contra las adicciones. Inicialmente, estas iniciativas estaban enfocadas en hombres, pero pronto se reconoció la necesidad de crear espacios específicos para mujeres. “Al principio nos concentramos en los hombres adictos, pero luego notamos que muchas mujeres tenían el mismo problema, pero soluciones diferentes”, explica Leandro.

El éxito de “Merlina y Vicky” radica en la creación de un ambiente de confianza y respeto, donde las mujeres pueden compartir sus experiencias y apoyarse mutuamente. Este enfoque ha demostrado ser efectivo en la recuperación de muchas de ellas, que una vez rehabilitadas, tienen la posibilidad de volver al centro para ayudar a otras mujeres en su proceso.

Un futuro esperanzador en La Matanza

La Comunidad San José no solo se centra en la rehabilitación, sino que también busca cambiar las estructuras sociales que perpetúan la violencia y la adicción. Leandro asegura que “el problema es con las personas mayores que son adictas hace muchos años”, lo que resalta la importancia de seguir trabajando en la concientización y en el apoyo a estas mujeres.

La iniciativa “Merlina y Vicky” se convierte así en un símbolo de esperanza en La Matanza, un lugar donde las mujeres pueden encontrar no solo la ayuda que necesitan, sino también un espacio para reconstruir sus vidas. Con un enfoque integral que incluye educación, contención y apoyo comunitario, este centro representa un modelo a seguir en la lucha contra las adicciones y la violencia de género, demostrando que es posible transformar realidades adversas en oportunidades de vida.

A medida que la Comunidad San José continúa su labor, el compromiso de sus integrantes se mantiene firme: “Nuestro lema fundacional, y que se ha expandido a lo largo del tiempo, es el de ‘4 barrios, una sola familia’”, una frase que encapsula la misión de unir y apoyar a quienes más lo necesitan en la región.

Alejandro Daniel Jose Alejandro Daniel Jose es editor y estratega digital especializado en…