antílopes saiga

La bacteria que acabó en apenas tres semanas con el 60 % de los antílopes saiga

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Más de 200 mil cabezas murieron en 2015 en la Meseta del Hambre, en el sureste de Kazajistán

Los científicos estaban desconcertados. En apenas tres semanas, en mayo de 2015, el 60% de la población mundial de antílopes saiga falleció de forma súbita. Más de 200.000 animales de esta especia murieron solo en Kazajistán, uno de los países -junto a Uzbekistán- que tienen mayor número de cabezas de este mamífero artiodáctilo de la familia Bovidae.

Rebaños enteros formados por decenas de miles de antílopes teóricamente sanos perecieron sin explicación alguna. La causa de su repentina muerte fue una inesperada septicemia hemorrágica que se concentró especialmente en el desierto de Betpak-Dala (conocida también como la Meseta del Hambre), situada en el sureste de Kazajistán.

Rebaños enteros de decenas de miles de antílopes teóricamente sanos perecieron sin explicación alguna

Un equipo de investigadores liderados por miembros del Royal Veterinary College de Londres han determinado que la bacteria Pasteurella multocida fue la causante de esa pandemia, según un estudio publicado en la revista Science Advances . Lo extraño es que este patógeno llevaba tiempo viviendo inofensivamente en las amígdalas de las saigas y, de golpe, se convirtió en un patógeno letal.

Los antílopes saiga habitan en las estepas de Asia Central, desde el área de Kazán, en el sur de Rusia, hasta el noroeste de China y zonas de Mongolia. Se caracterizan por una enorme nariz y sus cuernos son muy bien valorados por la medicina tradicional china, lo que ha llevado la especie a estar en peligro por culpa de la caza furtiva, sobre todo a partir de 1990.

“Las recientes muertes, sin embargo, no tenían precedentes en los grandes mamíferos terrestres”, explica el profesor Richard Kock. La mortalidad masiva de 2015 brindó la primera oportunidad para un estudio en profundidad en el que han participado veterinarios, biólogos, botánicos, ecólogos y especialista de laboratorio.

La conclusión a la que han llegado los científicos es que muchos factores separados, y que eran inofensivos de forma independiente, se juntaron para provocar un fenómeno extraordinario. El aumento de la humedad y la elevación de la temperatura del aire desencadenaron una invasión bacteriana en el flujo sanguíneo de los antílopes y de ahí vino la septicemia (envenenamiento de la sangre).

El aumento de la humedad y la elevación de la temperatura del aire desencadenaron una invasión bacteriana en el flujo sanguíneo

Los investigadores utilizaron dos momentos anteriores de mortalidad en masa entre la población de saigas (ocurridas en la década de 1980) para descubrir patrones que mostraron que la probabilidad de muerte súbita aumenta cuando el clima es húmedo y cálido. Además, han certificado que el momento de mayor vulnerabilidad de estos animales es durante el parto.

Los antílopes saiga sobreviven en entornos muy extremos, donde las temperaturas caen a menos de 40 centígrados en invierno o suben a más de 40 en verano, la comida escasea y los hambrientos lobos andan todo el día merodeando. Por esos sus crías nacen muy grandes, más que cualquier otra especia de mamíferos ungulados (que se apoyan y caminan con el extremo de los dedos).

Los terneros se desarrollan rápidamente y pueden seguir a sus madres en las migraciones para encontrar alimento y evitar los depredadores, pero también supone que las hembras invierten mucha energía y están muy estresadas durante el parto.

“Con esta estrategia, se esperan altos niveles de mortalidad”, asumen los científicos del Royal Veterinary College. “Pero la historia reciente sugiere que las muertes se producen con mayor frecuencia, lo que puede hacer que la especie sea más vulnerable a la extinción”, añaden.

Preocupación de los científicos

Los antílopes saiga sobreviven en entornos muy extremos, donde la comida escasea y merodean los lobos

En 2017, por ejemplo, se ha perdido el 60 % de una subespecie de saiga que vive en Mongolia. Antes, en 2010, alrededor de dos tercios de una manada de 20.000 antílopes fallecieron en los Urales por culpa de una enfermedad respiratoria, una situación que se repitió al año siguiente.

“Si lo juntamos con los altos niveles de caza furtiva y la aparición de nuevas infraestructuras (ferrocarriles, carreteras y vallas) que amenazan su hábitat e interfieren en sus migraciones, es posible que una nueva ola de mortandad masiva reduzca el nivel de los antílopes saiga a un nivel en el que la recuperación ya no sea posible”, asumen.

Steffen Zuther, miembro de la Sociedad Zoológica de Frankfurt, considera que los eventos de mortalidad masiva “son una gran amenaza para el antílope saiga y pueden eliminar muchos años de trabajo de conservación y crecimiento de la población de esta especie en solo unos días”.




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